EDUCACIÓN
POPULAR Y LOS FORMADORES POLÍTICOS

LA EDUCACIÓN POPULAR, COMO OPCIÓN.
Entender y practicar educación popular es ponernos, de manera práctica
y concreta, al servicio de todos los esfuerzos que tantos hombres y mujeres
hacen para que nuestro país sea otro y distinto.
Pero, como toda opción, también tiene significados o sentidos; también
se proyecta a favor de determinadas realidades. En el caso de países como los
centroamericanos, la opción llamada educación popular, debe dirigirse a apoyar
esfuerzos como el de la reconciliación y la democratización.
Lo que pretendemos afirmar es la necesidad de que la educación popular
pueda ser un instrumento de paz, un instrumento pedagógico político en el que
se pueda contribuir a crear las bases de la actuación política y ciudadana, de
cara a desarrollar y fortalecer el poder comunitario.
En
este sentido, el principal aporte de la educación popular a la paz, es el de
ser fuente e instrumento de conciencia y de práctica alternativa a los poderes
establecidos. O de ser la posibilidad abierta a todos los sectores de ir
transformando el ejercicio político. En otras palabras, de ir modificando las
formas como se a hecho política, o como
han actuado los políticos y políticas de nuestros pueblos.



De todo formador y formadora que tiene un compromiso con el porvenir
de los millones de niños y niñas que ya pueblan nuestra sociedad, y para
quienes una educación de mantenimiento puede significar la pérdida de toda
oportunidad de un futuro mejor al nuestro.
De todo hombre o mujer que, sin dedicarse a la educación, ve que la
transformación de mentes y actitudes, también es importante para acompañar y
hacer realidad el cambio de sistemas y estructuras.
De todo esfuerzo de educación por la paz, pues ésta se entiende como
la dinámica creada en torno a condiciones de vida dignas para todos y todas. Y
esto sólo se logra con la participación, el compromiso y el desarrollo de una
conciencia profunda y efectiva de cada persona, objetivos claros de la
educación popular.
LO
QUE NO ES EDUCACIÓN POPULAR

Quizá si nos referimos primero a lo que NO es educación popular, podamos
entender con más facilidad lo que sí es educación popular.
Existe la falsa
creencia que educación popular es toda aquella educación que se hace en las
zonas más lejanas y rurales de nuestros países. Por ejemplo, si el señor López
trabaja allá en una aldea lejana.
Sólo porque está trabajando en un lugar así tan distante de la
ciudad, creemos equivocadamente que él ya hace educación popular.
Por el contrario, si el trabajo educativo lo hacemos en la capital
o alguna ciudad, se dice, entonces, que ello no puede ser educación popular.
Este equívoco es muy frecuente por la razón de estar creyendo que eso que
llamamos <pueblo> sólo habita el área rural de un país.
También se afirma que educación popular es todo aquel esfuerzo educativo
que realizamos para la gente pobre, o para los sectores más oprimidos y
desposeídos de la sociedad. En esta consideración sí podemos con muchísima
facilidad confundirnos porque lo que se dice (el trabajo para sectores pobres u
oprimidos) sí se acerca bastante a la definición de educación popular.
Sin embargo, tengamos cuidado de no creer fácilmente que toda persona
que trabaja educativamente con sectores pobres es ya un formador o formadora
popular. No todo lo que se realiza para y en los sectores populares es necesariamente
educación popular, porque lo
popular de la educación no se debe al tipo de personas con las que
trabajemos, o en qué lugares lo hagamos.
Cuantas veces no hemos descubierto hombres y mujeres que viven y
aparentan ser personas del pueblo, pero lo que enseñan a las personas de las
comunidades en las que trabajan es a ser dependientes, a destruir su cultura, a
dejar de luchar por sus propias necesidades e intereses.
Podemos estar trabajando educativamente en una colonia popular de
la ciudad, o en una aldea de indígenas, o en un pequeño pueblo de campesinos,
pero si lo que hacemos no está verdaderamente a favor de la transformación
social, aunque sigamos ahí con quienes más sufren en esta realidad, no estamos
dando vida a lo que se llama educación popular.
En otras palabras, no es suficiente estar en lo popular. La
educación es popular porque se hace para, con y por lo popular; además de estar
en lo popular. Es el sentido, la orientación, el para qué y por qué lo que
caracteriza y diferencia a la educación popular de los demás tipos de educación. Dicho
de otro modo, ¿para qué hacemos lo que hacemos? ¿qué pretendemos, en lo más
profundo, cuando nos dedicamos a trabajar en educación?, ¿cuáles son nuestros
verdaderos y más grandes deseos para nosotros y para el pueblo? Y ese sentido,
orientación, <para qué> o <por qué> de la educación popular es la
transformación de realidad.
Así que la
importancia no está en dónde o con quiénes hagamos educación popular, sino Para
qué la hacemos. Esto es lo que permite llamarla educación popular.
También existe
otro tipo de confusiones sobre la educación popular. Son aquellas que refieren
a lo que se hace y cómo se hace. Por ejemplo, se cree -equivocadamente- que
educación popular es aquel tipo de
educación que utiliza muchas actividades, que es muy movida o activa, que es
muy alegre.
Así, llegamos a
creer que un señor que juega mucho, que hace reír a la gente, ya es
automáticamente un formador popular. Podría ser que sus juegos, chistes o
ejercicios no ayuden a las personas a reflexionar profundamente. Podría ser que
lo que hace es sentirse popular y querido, sin aportar mucho. Podría ser que
sus intereses sean más personalistas que colectivos.
Y por el
contrario, puede ser que una señora por ahí, con menor movimiento y bromas,
propicie más y mejor la reflexión, el compromiso, la profundización. Sin
embargo, debe quedar muy claro lo siguiente: NO DEBEMOS DESPRECIAR LA NECESIDAD
DE UTILIZAR JUEGOS, BROMAS, ALEGRIA, DINAMICA, EN NUESTRA EDUCACION POPULAR.
Eso sí, no olvidemos que sólo eso no es suficiente.
Aunque la
educación popular debe ser así -movida, activa, alegre no sólo por tener esos
rasgos ya es educación popular. Algunos tipos de educación que sirven al
mantenimiento de la realidad -la más grave diferencia de lo que es educación
popular- se basan en la actividad, en lo dinámico, en lo festivo, para poder ir
fortaleciendo aquellas conductas que pretenden que todos tengan.
Cuando
confundimos educación popular con <dinámicas> estamos cayendo en lo que
algunos autores llaman <dinamiquerismo>. Es decir que lo primero y más
importante de la educación popular es que sea activa; o que use muchos
dibujitos, muñequitos y lenguajes muy sencillos para que todos los entienden
más fácilmente.
Claro que todo
es importante (y forma parte de la educación popular). Pero todo eso se refiere
a la metodología; es decir, al COMO deben realizarse los actos y procesos
educativos. Pero debemos seguir insistiendo en que antes de saber el
<cómo> de las cosas, debemos tener perfectamente claro el <por qué>
o <para qué> de esas mismas cosas.
Es decir, la
metodología siempre depende del sentido político y filosófico de lo que vamos a
hacer. No nos confundamos con creer que educación popular es equivalente a
dinámicas, o que las dinámicas ya son -automáticamente- educación popular.
Podemos hacer
muchas actividades, podemos ser muy dinámicos, pero si no tenemos bien claro
para qué hacemos todas esas actividades; si no tenemos bien claro qué tipo de
vida queremos para todos(as); sí no sabemos muy bien a quiénes o a qué servimos
como hacer esas actividades, entonces, podremos ser muy metodológicos, pero no
auténticos formadores o formadoras populares.
Hacer mucho, o
hacer muy bien, sin saber para qué o por qué, puede ser tan peligroso (o más)
que o hacer nada.
INCEP CUADERNOS
DE FORMACIÓN
PARA LA PRÁCTICA DEMOCRÁTICA No. 3
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