miércoles, 12 de septiembre de 2012


EDUCACIÓN POPULAR Y LOS FORMADORES POLÍTICOS


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LA EDUCACIÓN POPULAR, COMO OPCIÓN.

Entender y practicar educación popular es ponernos, de manera práctica y concreta, al servicio de todos los esfuerzos que tantos hombres y mujeres hacen para que nuestro país sea otro y distinto.

Pero, como toda opción, también tiene significados o sentidos; también se proyecta a favor de determinadas realidades. En el caso de países como los centroamericanos, la opción llamada educación popular, debe dirigirse a apoyar esfuerzos como el de la reconciliación y la democratización.

Lo que pretendemos afirmar es la necesidad de que la educación popular pueda ser un instrumento de paz, un instrumento pedagógico político en el que se pueda contribuir a crear las bases de la actuación política y ciudadana, de cara a desarrollar y fortalecer el poder comunitario.

En este sentido, el principal aporte de la educación popular a la paz, es el de ser fuente e instrumento de conciencia y de práctica alternativa a los poderes establecidos. O de ser la posibilidad abierta a todos los sectores de ir transformando el ejercicio político. En otras palabras, de ir modificando las formas como se  a hecho política, o como han actuado los políticos y políticas de nuestros pueblos.
 Corchetes: ¿QUÉ ES LA EDUCACIÓN POPULAR?
Corchetes: Se trata, pues, de que la paz se fortalece con la participación de todos. Entonces, la educación popular aparece como un conjunto de Educación Popular y los Formadores Políticos procesos y esfuerzos que hagan posible esa participación.

Consecuentemente, estamos convencidos que la educación popular es LA OPCIÓN de todo formador y formadora que se inquiete por la realidad en la que vive.

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De todo formador y formadora que tiene un compromiso con el porvenir de los millones de niños y niñas que ya pueblan nuestra sociedad, y para quienes una educación de mantenimiento puede significar la pérdida de toda oportunidad de un futuro mejor al nuestro.

De todo hombre o mujer que, sin dedicarse a la educación, ve que la transformación de mentes y actitudes, también es importante para acompañar y hacer realidad el cambio de sistemas y estructuras.

De todo esfuerzo de educación por la paz, pues ésta se entiende como la dinámica creada en torno a condiciones de vida dignas para todos y todas. Y esto sólo se logra con la participación, el compromiso y el desarrollo de una conciencia profunda y efectiva de cada persona, objetivos claros de la educación popular.



LO QUE NO ES EDUCACIÓN POPULAR


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Quizá si nos referimos primero a lo que NO es educación popular, podamos entender con más facilidad lo que sí es educación popular.

Corchetes:  Existe la falsa creencia que educación popular es toda aquella educación que se hace en las zonas más lejanas y rurales de nuestros países. Por ejemplo, si el señor López trabaja allá en una aldea lejana.


Sólo porque está trabajando en un lugar así tan distante de la ciudad, creemos equivocadamente que él ya hace educación popular.

Por el contrario, si el trabajo educativo lo hacemos en la capital o alguna ciudad, se dice, entonces, que ello no puede ser educación popular. Este equívoco es muy frecuente por la razón de estar creyendo que eso que llamamos <pueblo> sólo habita el área rural de un país.

También se afirma que educación popular es todo aquel esfuerzo educativo que realizamos para la gente pobre, o para los sectores más oprimidos y desposeídos de la sociedad. En esta consideración sí podemos con muchísima facilidad confundirnos porque lo que se dice (el trabajo para sectores pobres u oprimidos) sí se acerca bastante a la definición de educación popular.

Sin embargo, tengamos cuidado de no creer fácilmente que toda persona que trabaja educativamente con sectores pobres es ya un formador o formadora popular. No todo lo que se realiza para y en los sectores populares es necesariamente educación popular, porque lo
popular de la educación no se debe al tipo de personas con las que trabajemos, o en qué lugares lo hagamos.

Cuantas veces no hemos descubierto hombres y mujeres que viven y aparentan ser personas del pueblo, pero lo que enseñan a las personas de las comunidades en las que trabajan es a ser dependientes, a destruir su cultura, a dejar de luchar por sus propias necesidades e intereses.

Podemos estar trabajando educativamente en una colonia popular de la ciudad, o en una aldea de indígenas, o en un pequeño pueblo de campesinos, pero si lo que hacemos no está verdaderamente a favor de la transformación social, aunque sigamos ahí con quienes más sufren en esta realidad, no estamos dando vida a lo que se llama educación popular.

En otras palabras, no es suficiente estar en lo popular. La educación es popular porque se hace para, con y por lo popular; además de estar en lo popular. Es el sentido, la orientación, el para qué y por qué lo que caracteriza y diferencia a la educación popular de los demás tipos de educación. Dicho de otro modo, ¿para qué hacemos lo que hacemos? ¿qué pretendemos, en lo más profundo, cuando nos dedicamos a trabajar en educación?, ¿cuáles son nuestros verdaderos y más grandes deseos para nosotros y para el pueblo? Y ese sentido, orientación, <para qué> o <por qué> de la educación popular es la transformación de realidad.

Así que la importancia no está en dónde o con quiénes hagamos educación popular, sino Para qué la hacemos. Esto es lo que permite llamarla educación popular.

También existe otro tipo de confusiones sobre la educación popular. Son aquellas que refieren a lo que se hace y cómo se hace. Por ejemplo, se cree -equivocadamente- que educación  popular es aquel tipo de educación que utiliza muchas actividades, que es muy movida o activa, que es muy alegre.

Así, llegamos a creer que un señor que juega mucho, que hace reír a la gente, ya es automáticamente un formador popular. Podría ser que sus juegos, chistes o ejercicios no ayuden a las personas a reflexionar profundamente. Podría ser que lo que hace es sentirse popular y querido, sin aportar mucho. Podría ser que sus intereses sean más personalistas que colectivos.

Y por el contrario, puede ser que una señora por ahí, con menor movimiento y bromas, propicie más y mejor la reflexión, el compromiso, la profundización. Sin embargo, debe quedar muy claro lo siguiente: NO DEBEMOS DESPRECIAR LA NECESIDAD DE UTILIZAR JUEGOS, BROMAS, ALEGRIA, DINAMICA, EN NUESTRA EDUCACION POPULAR. Eso sí, no olvidemos que sólo eso no es suficiente.

Aunque la educación popular debe ser así -movida, activa, alegre no sólo por tener esos rasgos ya es educación popular. Algunos tipos de educación que sirven al mantenimiento de la realidad -la más grave diferencia de lo que es educación popular- se basan en la actividad, en lo dinámico, en lo festivo, para poder ir fortaleciendo aquellas conductas que pretenden que todos tengan.

Cuando confundimos educación popular con <dinámicas> estamos cayendo en lo que algunos autores llaman <dinamiquerismo>. Es decir que lo primero y más importante de la educación popular es que sea activa; o que use muchos dibujitos, muñequitos y lenguajes muy sencillos para que todos los entienden más fácilmente.

Claro que todo es importante (y forma parte de la educación popular). Pero todo eso se refiere a la metodología; es decir, al COMO deben realizarse los actos y procesos educativos. Pero debemos seguir insistiendo en que antes de saber el <cómo> de las cosas, debemos tener perfectamente claro el <por qué> o <para qué> de esas mismas cosas.

Es decir, la metodología siempre depende del sentido político y filosófico de lo que vamos a hacer. No nos confundamos con creer que educación popular es equivalente a dinámicas, o que las dinámicas ya son -automáticamente- educación popular.

Podemos hacer muchas actividades, podemos ser muy dinámicos, pero si no tenemos bien claro para qué hacemos todas esas actividades; si no tenemos bien claro qué tipo de vida queremos para todos(as); sí no sabemos muy bien a quiénes o a qué servimos como hacer esas actividades, entonces, podremos ser muy metodológicos, pero no auténticos formadores o formadoras populares.

Hacer mucho, o hacer muy bien, sin saber para qué o por qué, puede ser tan peligroso (o más) que o hacer nada.



INCEP CUADERNOS
DE FORMACIÓN PARA LA PRÁCTICA DEMOCRÁTICA No. 3

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